Sin duda alguna hemos llegado a un punto en el que, por un lado, el ser humano necesita encontrarse con nuevas experiencias en la que se sienta más cerca de la naturaleza y, por otro, toma una mayor conciencia de cómo y de qué manera estamos afectando, como elemento vital del planeta, a la sostenibilidad del mismo.

No me gustaría entrar en el debate de si es cierto que el cambio del clima se produce por efecto del hombre o si por el contrario es evolución natural, ya que es un debate muy viciado por intereses económicos enfrentados.

En cambio si me gustaría hablar de la evolución de la Responsabilidad Social Corporativa ( RSC) y la necesidad de estimular la sostenibilidad desde entidades como la ONU en sus ODS.

La RSC es el instrumento que, en muchos casos, se ha utilizado para mantener nuestra “vocecita” de la conciencia tranquila y para hacer que las empresas se posicionaran de mejor forma en el mercado, utilizándolo como palanca comercial. Obviamente existen casos especiales o diferentes y siempre que se generaliza, se comenten injusticias, no obstante en la mayoría de las ocasiones el “modus operandi” era buscar ese matiz de “enganche” con el cliente, propio o de la competencia.

El “es que hay que hacerlo” era lo más sonado en los consejos sin que realmente hubiera una conciencia del “deber ser“.

Ahora con la agenda 2030, se pretende concienciar a todo el mundo de forma más “intensiva“.
Es aquello de, “si no quieres caldo toma dos tazas“.

Sin duda es necesario ayudar desde la ONU con sus ODS a concienciar que “algo” hay que hacer.
El ser humano ha necesitado evolucionar al ritmo que sus descubrimientos les exigían, sin pararse a pensar si lo que se estaba creando, iba a tener o no efectos colaterales, bien por no querer hacerlo, o bien por falta de medios para medir el impacto.

Actualmente, con los medios de los que se dispone, es posible tener todo en cuenta.

Es posible que se produzca un incremento del precio de los productos al poder llevar su traza de sostenibilidad desde el momento en el que se compra la semilla inteligente, hasta que es puesto en la mesa.
Es posible que ese incremento de precio se debe a la adecuada transición de una agricultura tradicional a una sostenible – SMART (es necesario en torno a 3 años).
Es posible que ese incremento de precio se deba a un uso racional del agua, que permita evitar salinización del suelo y pérdida de sus nutrientes (riego por goteo).

En todos estos casos, dicha traza permitirá seguir los costes de cada una de las diferentes etapas en las que ese producto ha pasado y en qué momento y quién infla el precio de forma desmesurada.

Sobre los negocios y procesos que ya existen, analizar si se pueden llevar a cabo de forma sostenible e iniciar dicho cambio.
Los futuros negocios o procesos que están por hacer, que comiencen teniendo en su visión, el desarrollo sostenible como una de sus palancas de acción.

Ya que hay que hacerlo, hagámoslo bien. Que los recursos que se inviertan, realmente se aprovechen para su objetivo real.

Nunca es tarde, no obstante si es cierto que cada ocasión que dejemos pasar no volverá, por eso es imprescindible concienciarnos para convertir lo que nos rodea en “algo” más sostenible.

En resumen, es necesario asumir nuestra responsabilidad y PASAR A LA ACCIÓN.

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